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La buena salud no es solo para súper-héroes

La buena salud no es solo para súper-héroes

«Nunca llegarás al éxito por el ascensor, sino utilizando las escaleras»

 

LA AUTENTICA BUENA SALUD

 

La buena salud no es solo para super-héroes. Durante muchos años me he formado e investigado sobre el concepto de la salud global de la persona.

El concepto de tener buena salud, es a veces algo ambiguo. Estar sano no solamente es no padecer ninguna enfermedad, también es disfrutar y convivir con un bienestar físico, mental y emocional.

Durante muchos años, he convivido con el deporte de Alto Rendimiento y un estilo de vida coherente y durante todo ese tiempo dedicado al rendimiento deportivo aprendí que la base principal de nuestro bienestar, es la coherencia entre lo que comemos, lo que nos ejercitamos y lo que sentimos.

En el año 1948, la Organización Mundial de la Salud (OMS), definió la salud como: “Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” pero en mi opinión, a esa definición le falta el área emocional porque también necesitamos trabajar con nuestras emociones, ya que, una eficaz autogestión emocional es la parte indivisible de nuestro bienestar.

 

dieta saludable

 

Si bien es cierto que alimentarnos de forma saludable y ejercitar nuestro cuerpo, son ya de por sí, dos buenas herramientas para optimizar y positivizar nuestro estado de ánimo y nuestros niveles de estrés y ansiedad, también es cierto que obtendremos una máxima eficacia en nuestra autogestión emocional, si integramos también otras herramientas específicas para tal fin, que ayude a equilibrar nuestro “Ying-Yang” emocional.

En 1992 se añadió una definición para mi, también decisiva “…y en armonía con el medio ambiente”.

En mi opinión, ese añadido, es totalmente sinérgico con el cuidado entre los tres pilares de nuestro bienestar, con lo cual, obtendremos no solo un bienestar intrínseco, sino que también conseguiremos un bienestar extrínseco.

Los avances en la investigación médica, han permitido que hoy en día seamos más conscientes sobre que, para obtener una buena salud, no basta con sanar nuestras enfermedades, sino que también debemos intentar prevenirlas y para ello, debemos crear un ecosistema saludable y coherente. Todos los estudios científicos coinciden en que, para vivir con buena salud, hay que integrar unos buenos hábitos nutricionales, deportivos y emocionales. Por tanto, la prevención y la educación son imprescindibles.

 

¿Cómo podemos obtener buena salud?

 

– A TRAVÉS UNA DIETA EQUILIBRADA

 

En el apartado de la alimentación quiero extenderme porque es justamente en ese pilar de nuestro bienestar, donde yo encontré un equilibrio importante entre lo que soy y lo que soy capaz de hacer con mi cuerpo y mi mente. Asesoro y oriento a cientos de personas en su alimentación para que sepan comer con coherencia.

Llevar una alimentación saludable supone aportar a nuestro organismo, de todos los nutrientes (micronutrientes y macronutrientes) necesarios para obtener la energía necesaria que haga mantener nuestro cuerpo activo y con bienestar físico, mental y emocional.

Se estima que el 90% de la serotonina es producida en la mucosa intestinal por unas células llamadas enterocromafines, que interactúan con el ecosistema de bacterias, hongos y virus que se alojan en nuestro intestino.

Esta condición, influye sobre el sistema nervioso que, además, está relacionada con el estreñimiento, las náuseas o las diarreas, dolencias que tienen mucho que ver con nuestros estados emocionales.

Cuando ese ecosistema se altera, el intestino se inflama y la producción de serotonina baja en picado.

 

LA SINÉRGIA ENTRE CEREBRO-INTESTINO ES LA CLAVE PARA LA PRODUCCIÓN DE SEROTONINA

 

Los estudios científicos nos indican, cada vez con más claridad, la importancia y relevancia que tienen los microorganismos que viven en el intestino y su sinergia con la alimentación, la absorción de nutrientes, la inmunidad, el estado anímico y la salud global de la persona.

Por eso mimar nuestra salud intestinal es también cuidar nuestra salud emocional. Existe todo un ecosistema donde la información entre el cerebro y el intestino se conectan con la producción de la serotonina y la flora microbiana.

Por tanto, una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, cereales y grasas saludables, diseñan esa alimentación saludable y equilibrada al igual que también es aconsejable reducir, el consumo de azúcares simples y la sal.

Pero cuando hablamos de dieta saludable, solemos entenderlo desde un concepto de alimentación aburrida, sin sabores que deleiten a nuestro paladar y con pasar hambre.

Pues siento decirlo, pero… ¡Nada más lejos de la realidad!

La dieta sana no es aburrida, tenemos un sinfín de posibilidades para escoger alimentos con distintos sabores y texturas y diferentes formas de cocinarlos que faciliten que nuestra alimentación, además de saludable, puede ser muy agradable, divertida, variada y de buen sabor para nuestro paladar.

Y lo más importante es que es posible convertirlo en un esquema alimenticio permanente para el resto de nuestra vida. Por supuesto, también es posible y casi imprescindible, tener momentos donde podamos saltarnos la dieta y permitirnos algún capricho sin remordimientos, ni restricciones.

Comer bien y llevar una dieta equilibrada no solo es más saludable, sino que también es la que más variación de sabores disfrutaremos y será mucho
más saciante.

Y eso es así, porque nuestras papilas gustativas, ensalzan y priorizan más, los sabores más naturales y mejor elaborados. Solo hay que ponerle un poco de imaginación y variedad, dedicarle un poco de tiempo y dejar de poner siempre las mismas excusas de la falta de tiempo. Debemos aprender a comer con menos enfoque de inmediatez.

Te puedo asegurar que el tiempo peor empleado, es el que puedes acabar utilizando yendo al médico o visitando con frecuencia las farmacias a por medicamentos y eso es lo que te va a ocurrir a medio plazo si sigues poniendo la excusa del tiempo.

 

 

Existe toda una industria alimentaria millonaria entorno al “adelgazamiento”, con una cantidad abrumadora de información manipulada y de mercadeo aprovechando la permanente búsqueda del cuerpo idóneo.

Hemos de dejar de darle ni un minuto de nuestro tiempo a las dietas milagro y a otros tipos de anuncios que nos aseguran perder peso en poco tiempo, con esquemas alimentarios absurdos y peligrosos para nuestra salud.

No existen dietas milagro que nos permitan mantener una alimentación saludable el resto de nuestra vida y además, poder mantener el peso de forma sostenible.

Lo que realmente debemos aprender, es a comer bien y mantener unos hábitos positivos y saludables que permanezcan con nosotros toda nuestra vida…igual que el lavarnos los dientes antes de acostarnos o asearnos por la mañana.

Las personas que siguen dietas de adelgazamiento restrictivas, suelen experimentar un primer periodo con mucha motivación porque se sienten con grandes expectativas y un principio de autocontrol elevado.

Después de este primer estadio restrictivo, van entrando en una etapa de estrés, producto del esfuerzo fisiológico y emocional que supone comer todos los días pasando hambre y comiendo aburrido, sin trabajar la conciencia del ¿por qué como mal? ¿por qué como por impulso?

Al final, mantener ese estrés, produce un desgaste emocional muy alto donde aparece la apatía y la desmotivación.

 

 

Esta situación de tanta resistencia, lucha y alarma, obligan a tirar la toalla y abandonar la dieta y ese estado anímico, da lugar a más emociones negativas, que surgen a continuación como son el sentimiento de culpa, la frustración, la baja la autoestima y otro buen número de estados emocionales que nos desalinean del camino hacia nuestro bienestar y estilo de vida saludable.

Estas situaciones de desánimo y abandono, pueden desembocar un aumento en la ingesta de comida chatarra o de comer por impulso con más frecuencia.

En general, el proceso de una dieta de adelgazamiento restrictiva, aunque al principio la persona consiga perder peso, a medio plazo no lo mantienen y cuando finaliza la dieta se recupera el peso perdido y ese patrón conductual se repite durante mucho tiempo, viviendo con el conocido efecto YO-YO, entrando y saliendo en las dietas sin haber conseguido lo que realmente soluciona que ese estilo de vida se mantenga: CAMBIANDO DE HÁBITOS.

 

Y una vez hemos llegado hasta aquí, deberíamos preguntarnos…

 

¿Por qué las personas terminan abandonando la dieta para perder peso? ¿Por qué vuelven a intentarlo pasado un tiempo? ¿Realmente los seres humanos no somos capaces de tener voluntad?

 

Son muchas preguntas con respuestas diferentes respuestas. Pero, por ejemplo, la ciencia sabe que la comida guarda una relación estrecha con las emociones, y ese es el punto de inflexión de por qué esas dietas, fracasan. Si no se integra también un trabajo emocional y de consciencia plena en relación a la comida, difícilmente saldremos de esa “montaña rusa”

Además, el aprendizaje de hábitos requiere repetición, constancia y consciencia que tampoco casi nunca se tienen en cuenta cuando una persona, se limita solo a hacer una dieta.

Necesitamos de un programa y un sistema que desarrolle hábitos de vida saludable, a través de un trabajo sinérgico entre lo que comemos, cuánto nos movemos y lo que sentimos y por tanto, a parte de incluir información relativa a las necesidades nutricionales diarias, las propiedades de los alimentos, o las calorías que contienen, se debe incluir también un trabajo en el área psicológica y emocional implicados en la conducta alimenticia y sedentaria que son los canales para obtener una buena vida y conseguir mantener los hábitos saludables de forma constante.

Existen dietas que nos llevan a consumir productos poco nutritivos, otros que se basan en comer por debajo de las cantidades que nos aseguran nuestra supervivencia y otras tomando sustitutivos de comidas en forma de batidos y otras dietas exigen el pesarse todos los días, en fin, una locura a veces simplista y otras llanamente comercial que va más allá del objetivo real de la salud y el bienestar.

Por tanto, todo lo que no soluciona, es un parche y como todo parche, se acaba “despegando” y dejando la herida abierta otra vez.

Hacer dietas muy restrictivas que producen sensación de hambre y comer de forma repetitiva y aburrida de forma constante, acaba por hacernos perder el foco, obsesionarnos por la comida y atracar la nevera de forma compulsiva. Al igual que pasa cuando pretendemos perder mucho peso en poco tiempo.

 

Llevar una dieta sana y equilibrada sin sufrir ¿es posible? ¿es posible alimentarse saludablemente sin un alto coste emocional?

 

La verdad es que, para alimentarnos bien, se necesita algo más que fuerza de voluntad. Por desgracia vivimos en un sistema cultural, social y económico que nos los pone muy difícil a la hora de mantener un estilo de vida saludable.

Existen otros factores que pueden causar exceso de peso, como podría ser que en enlentecimiento de nuestro metabolismo a medida que nos vamos haciendo mayores. A medida que pasa el tiempo, necesitamos menos calorías para mantenernos vivos, pero no debemos engañarnos, la principal razón sin lugar a dudas, es por comer más calorías de las que necesitamos para nuestras actividades diarias

A veces no olvidarnos que nuestra necesidad de comer, se basa en la supervivencia y no en el “comer hasta reventar”.

 

¿Por qué comemos más de la cuenta?

 

Podemos comer más de lo que necesitamos por varias razones:

  1. Por una educación donde nos hemos sobrealimentado desde muy pequeños.
  2. Para compensar bajones emocionales. Muchas reducen su negatividad o malestar emocional, comiendo por impulso o consumiendo alimentos azucarados y altos niveles de grasa con el fin de equilibrar esas emociones que les confrontan. La ansiedad, el estrés y la tristeza, son las emociones más recurrentes hacia la comida que crea un placer externo y rápido que, de alguna forma, nos ayude a salir de ese laberinto emocional.
  3. También solemos comer cuando nos queremos auto-premiarnos y darnos un “homenaje”, como una celebración, un día especial o simplemente porque queremos recompensarnos por algún logro.
  4. También podemos comer de más cuando sentimos impotencia y frustración por no haber sido capaces de seguir una dieta restrictiva. Muchas personas ante esta situación tiran la toalla y vuelven al exceso y descontrol alimenticio.

 

Mi propuesta, es que comas muy sano, pero eso no significa que tengas que pasar hambre ni comer aburrido e insípido.

Estas creencias son interpretaciones controladas por el marketing alrededor del sentido social de la inmediatez, producto de una cultura que magnifica los sabores y que se dirige a un callejón cerrado donde resulta imposible de mantener y sobre todo a las sensaciones negativas conectadas a la palabra DIETA y otras creencias limitadoras.

Por tanto, mi consejo es que dejes de pensar con ese esquema limitante y te abras a la realidad y a un enfoque menos restrictivo.

Tus hábitos no van a cambiar de la noche a la mañana. Necesitas pasar por un proceso más o menos largo que te permita instaurar nuevos hábitos y que se mantengan en el tiempo.

Muchas personas quieren perder peso rápido y lo único que consiguen cuando quieren adelgazar en poco tiempo, es perder masa muscular y enlentecer el metabolismo y que luego cueste mucho activarlo de nuevo.

 

 

Si en solo 15 días pierdes más de 5 kilos, ten por seguro que los duplicarás al mes siguiente de abandonar una dieta tan restrictiva.

Al igual que es totalmente FALSO que los nuevos hábitos queden totalmente integrados a los 21 días.

Esa creencia tan extendida, sostiene que para instaurar un hábito bastan 21 días. Nada más lejos de la realidad. Un estudio publicado en el «European Journal of Social Psychology» nos dice que esta condición lleva entre 18 y 254 días, y la mayoría de la gente necesita unos 66 días, si no más. De hecho, mi programa se desarrolla con un mínimo de tres meses para asegurar que mi cliente instaure realmente estos nuevos hábitos.

Al repetir una rutina durante mucho tiempo, queda instaurada en neurotransmisores específicos de nuestro cerebro, que automatizan nuestras nuevas rutinas.

Hemos de darnos un plazo generoso para instaurar el nuevo un nuevo hábito. Piensa que las viejas rutinas llevan con nosotros mucho tiempo.

Y quizás me preguntarás ¿un proceso de tres meses, realmente me puede cambiar la vida?

Bueno, cambiará tu salud física (sobrepeso, colesterol, diabetes, etc.), tu salud mental (bienestar psicológico y emocional) y vas a obtener beneficios tan importantes como estos:

 

  1. Tu paladar será más exigente con los sabores, serás capaz de distinguir más aromas y texturas. Descubrirás el verdadero sabor de los alimentos y podrás distinguir claramente el sabor de todos los ingredientes que confeccionan tus platos.
  2. Dejarás de sentirte “súper atraído” por platos con sabores muy intensos y difíciles de digerir.
  3. Disfrutarás igual, aún comiendo cantidades moderadas.

 

Cuando pasen esos meses y ya obtengas un peso saludable y hayas integrado tanto los hábitos alimenticios, como la movilidad física, podrás comer de todo e incluso algunos alimentos más calóricos de forma puntual sin engordar.

Una vez integrados los nuevos hábitos, te gustará tu nuevo estilo de vida y no te costará mantenerlos.

 

Para empezar a comer adecuadamente has de hacer una “barrer tu despensa”:

 

  1. Empieza por deshacerte de todos los productos de tu despensa que pueden hacerte caer en tentaciones con los típicos procesados o superfluos, tales como aperitivos, snacks, salsas, bollería industrial, embutidos, fiambres, comida procesada, precocinados, pan, etc.
  2. Has de ser consciente que debes alejar las tentaciones cuando inicias un proceso de cambio de hábitos. Solo será durante un tiempo para no caer y romper tu dieta de forma recurrente. Más adelante podrás incorporar algunos de forma puntual, sin el miedo a caer en ellos sin control y sin que los consumas continuamente.
  3. Instaurar una rutina saludable es un proceso que necesita tiempo, pero si te enfocas en los grandes beneficios que conseguirás, más que en el sacrificio que imaginas, el éxito está asegurado.
  4. Mejorarás tu salud y tu aspecto físico también se verá recompensado y lo más importante es que lograrás mantenerlo sin que tengas que mantener una lucha constante contra ti mismo.
  5. Recuerda que se trata sólo de una etapa. El hambre emocional desaparecerá entre dos y cuatro semanas.

 

Y atent@…Interioriza esto “La pérdida saludable del peso es un proceso lento”.

No te obsesiones con perder peso muy rápido. Recuerda que cuanta más rápido lo pierdas, más efecto “rebote” tendrás.

 

Olvídate de dietas “rápidas y milagrosas” o muy restrictivas, porque tu cuerpo no es tonto y cuando la abandones, tu organismo surgirá como el “ave Fénix” y se vengará por lo que le has hecho sufrir…y eso que te digo, te aseguro que es literal porque nuestro organismo tiene memoria y con tanta restricción e inmediatez de pérdida de peso, no querrá volver a pasar por ese “Vía Crucis” y simplemente dejará a tu metabolismo bajo mínimos, logrando desactivarlo hasta tal punto, que cuando lo vuelvas a intentar no consigas bajar de peso, ni corriendo maratones a diario.

Por tanto, debes tener presente que en general no es aconsejable perder más de dos kilos al mes. Hay que crear un déficit calórico gradual empezando con muy poco (no más del 15% de déficit) y de esta forma no alertar a nuestro metabolismo y permitirnos ir bajando de peso poco a poco y perder la grasa que nos sobra y de forma constante y sin sufrir un calvario emocional y energético.

Otro consejo que te doy es que elimines de tu mente, las falsas creencias asociadas a la palabra DIETA o alimentación saludable. Cuando pensamos en mejorar en perder unos kilos o en ponernos a dieta, automáticamente se dispara nuestro estrés emocional producido por ese ESQUEMA MENTAL que tenemos asociado a la palabra DIETA.

Por ejemplo, creencias como fuerza de voluntad, disciplina, resignación, renuncia, restricción, frustración, malestar, aburrimiento, fracaso, etc., son luchas y resistencias creadas desde esa creencia limitante.

 

 

Ver la buena salud desde unas gafas tan opacas, nos pone encima, una pesada mochila en nuestras espaldas. Hay que entender el llevar un estilo de vida saludable como la mejor forma de sentirnos bien, fluyendo con la vida y no resistiéndonos a ella.

La buena salud y un estilo de vida coherente, requiere de dosis de autocontrol, constancia y autodisciplina, pero una vez instaurados estarán normalizados e integrados en nuestro día a día y, por tanto, debemos abandonar ese pensamiento tan poco real y de tanta lucha.

Por ejemplo, para quien ya ha adquirido el hábito de lavarse los dientes, esta acción de cepillarse los dientes después de comer no necesita ser procesado con el coste emocional que conlleva, sino que, de forma automática, nuestro cerebro lo interpreta como un buen hábito para nuestra salud e incluso una necesidad de hacerlo para sentirnos bien.

Así que, a partir de ahora elimina de tu cabeza la falsa creencia de que, para alimentarte bien, perder peso y mantenerlo, tu vida debe pasar por una especie de “cámara de torturas” emocional, frustrante y aburrida, o la creencia que vas a seguir una dieta y luego vas a recuperar el peso perdido, cuando la abandones.

 

COMER BIEN, ES DISFRUTAR DE LA COMIDA CON LA TRANQUILIDAD DE QUE NO ESTÁS PERJUDICANDO TU SALUD

 

– A TRAVÉS DEL DEPORTE

 

HACER DEPORTE: EL ELIXIR DE LA VIDA ETERNA o lo que es más real, el “elixir antienvejecimiento” más eficiente que existe.

Hacer Ejercicio de forma constante, adaptado a tus circunstancias, tiempos y evitando el sedentarismo es, no solo aconsejable, sino que es imprescindible si queremos vivir más años con calidad de vida.

La actividad física es el antídoto al envejecimiento prematuro y es la herramienta que más previene nuestro deterioro físico con el paso del tiempo.

El ejercicio físico, no solo debe plantearse desde un único enfoque para quemar calorías y mantenernos en nuestro peso óptimo. Movernos físicamente supone un montón de beneficios para nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones.

Tonifica, oxigena nuestros músculos y tendones y previene que lleguemos antes de tiempo a la vejez, con un deterioro alto y con una disminución fisiológica y orgánica, incluso cerebral, ya que, el deporte también previene nuestro deterioro cognitivo.

Además, la práctica deportiva reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y equilibra nuestros niveles arteriales, de colesterol y azúcar en sangre, pero aún te voy a poner el listón más arriba…los beneficios llegan mucho más lejos, ayudándonos a disminuir y poder gestionar mejor nuestros niveles de estrés y ansiedad.

Hacer ejercicio no significa machacarse horas en el gimnasio o correr como si nos persiguiera “el diablo”. El simple hecho de caminar, nadar, bailar, no agarrar el ascensor y subir las escaleras, ya está activando nuestro metabolismo y nuestra implicación muscular y fisiológica.

 

Trucos para perseverar:

El ejercicio nos ayuda a un nivel que ni te imaginas. La actividad física actúa de forma similar a un ansiolítico, pero sin efectos secundarios, según las propias palabras del neuropsicólogo José Antonio Portellano Pérez.

Se liberan endorfinas, que disminuyen la ansiedad y aumentan la sensación de placer y bienestar. Además, al activar el sistema de recompensa del cerebro, nos ayuda también a mantener la motivación a la hora de alimentarnos.

Lo bueno de todo esto, es que tenemos muchas oportunidades de reconducir un proceso de cambios de hábitos y, si un día fallas, puedes volver a intentarlo al día siguiente, igual que has permitido durante tanto tiempo las acciones erróneas, no tenemos por qué limitarnos a la hora superar los tropiezos y seguir con nuestro objetivo.

 

– EVITAR TÓXICOS Y SUSTANCIAS QUÍMICAS

 

Nuestro organismo tiene filtros muy efectivos por donde eliminamos gran parte de las toxinas, pero cuando estas son constantes y en cantidades grandes, se acumulan y se convierten en un “contenedor de basura” repleta de deshechos.

 

 

 

Hemos de evitar ingerir mucho alcohol, fumar y las drogas duras y blandas. También es muy importante evitar productos alimenticios ultra-procesados y/o con aditivos químicos nocivos para nuestra salud, porque esta, será la mejor forma de llevar a nuestro cuerpo a una situación preocupante.

 

– SUEÑO Y DESCANSO DE CALIDAD

 

Dormir bien y con calidad, es imprescindible para nuestra recuperación y para recargar nuestra energía diaria. Es necesario disfrutar de un descanso de calidad y se debe procurar obtener un sueño reparador y profundo.

 

PARA ELLO, LAS TÉCNICAS DE MEDITACIÓN Y RESPIRACIÓN CONSCIENTE, pueden ayudarnos mucho.

 

– EVITAR EL ESTRÉS

 

 

Es muy sencillo de entender y es de sentido común, el estrés daña nuestra salud física, mental y emocional. Experimentar estrés y ansiedad de forma constante, es como vivir siempre al borde del precipicio.

Debemos aplicar técnicas de respiración y autogestión para evitar un nivel alto de estas emociones de alarma a pesar de que vivimos en un sistema que nos lo pone muy difícil. La productividad se antepone a la salud y ese paradigma nos hace vivir en modo de alarma y con miedos que nos desalinean. Acabamos viviendo más desde la urgencia que de la importancia, pero por suerte, existen técnicas que pueden con eso y más.

 

– CUIDAR TAMBIÉN LA SALUD EMOCIONAL

 

Exteriorizar sentimientos y tener una capacidad alta de aceptación de nuestras circunstancias e incluso la aceptación hacia nosotros mismos, disfrutar de los amigos y la familia y sonreír con frecuencia, no significa que tengamos que ser vivir en un estado permanente de felicidad y ser un “Happy flower”, simplemente debemos mantenernos alineados con los sentimientos hacia uno mismo y hacia los demás, de tal manera que seamos capaces de sentir el control y el disfrute de nuestras vidas más allá de las circunstancias.

 

Así que recordad, LA BUENA SALUD NO ES SOLO PARA SÚPER-HÉROES

 

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